Si que lo he probado, y la verdad, no me gusta para nada. No acabo de pillar la función del mando. Lo que si que tiene en común con cualquier monopatín es el «wheel bite»: Giro brusco, la rueda toca la madera y a comer asfalto. A este le voy a quitar el «palo», tunearlo un poco, y pasará a ser el primer patín de mi hija (porque el del «cola-cao» no lo cuento).